Revista Digital Interactiva

por: Willy Belchez

Kelly Boesch no es solo una artista; es una pionera de la IA generativa que ha encontrado en la tecnología la herramienta perfecta para desafiar el status quo estético. Su trabajo se distingue por rechazar la búsqueda de la «belleza» o la «perfección» fácil que ofrecen muchos generadores de imágenes, optando en su lugar por explorar los límites de lo incómodo, lo saturado y lo genuinamente extraño. Boesch utiliza plataformas como Midjourney y Suno AI para construir narrativas audiovisuales densas y complejas que exigen una participación activa del espectador, redefiniendo el papel del creador en la era digital: de pintor a curador de caos algorítmico.

La artista Kelly Boesch no se limita a usar la inteligencia artificial; la lleva a un extremo absoluto para quebrar las convenciones estéticas contemporáneas. Su obra «Saffron and Smoke» ejemplifica un maximalismo conceptual donde las ideas saturan el ambiente, resultando en una pieza audiovisual magnética y disruptiva. Su objetivo no es la perfección fotográfica, sino forjar una nueva identidad visual anclada en lo extraño y lo bizarro.

La sinergia entre lo visual y lo sonoro en este video es palpable. Con un ritmo de Tribal House de Suno como base, la dirección de arte de Boesch inunda la pantalla con figuras que parecen sacadas de una pesadilla folclórica marroquí. Esta saturación de elementos —el ritual, el humo, el color y el mercado— se fusiona sobre un fondo negro, intensificando la extrañeza del diseño. Es precisamente esta audacia para abrazar lo «bizarro» lo que define su estilo: una estética que rechaza el buen gusto tradicional para proponer un lenguaje visual híbrido, crudo y profundamente original.

En el contexto de la producción audiovisual, Boesch marca una ruptura. La IA deja de ser una mera herramienta de apoyo para convertirse en el motor de un caos meticulosamente controlado. La artista emplea la saturación como un medio para hipnotizar, creando una atmósfera donde la música trasciende la audición y se padece visualmente a través de una dirección de arte que oscila entre lo ancestral y lo alienígena.