Agnes Varda
Agnes Varda

Por: Brenda Ramírez
Agnès Varda desafió las convenciones de su época al capturar imágenes con una libertad sin precedentes. Considerada la fuerza silenciosa y el alma femenina de la cinematografía, demostró cómo la curiosidad puede convertirse en un lenguaje artístico revolucionario.
Antes de que el cine francés se formara con la llegada de los grandes nombres masculinos de los años 60, Varda ya estaba experimentando con los límites.

Con formación en fotografía y una gran intuición, debutó en 1955 con “La Pointe Courte”-
Esta película anticipó La Nouvelle Vague y estableció las bases de su estilo: el rodaje en exteriores, el uso de luz natural y una narrativa que entrelaza los problemas cotidianos con reflexiones existenciales.
Para Varda, dirigir, más que una tarea técnica, era una forma de escritura cinematográfica o cinécriture. Este concepto dependía de que el autor debe estar involucrado en cada fibra de la obra. El montaje, la composición y la subjetividad, permitiéndose ser parte de la historia, especialmente en sus documentales.

Agnès Varda fue una coleccionista de momentos y premios, rompiendo barreras en una industria predominantemente masculina. Su obra “Sans toit ni loi” le otorgó el máximo galardón en el Festival de Venecia, consolidándola como una maestra del realismo social. Como firme defensora del derecho de las mujeres, utilizó su cámara para cuestionar los roles de género y participó activamente en movimientos sociales históricos.
En 2017, la Academia de Hollywood, le otorgó un Oscar honorífico, reconociendo una vida dedicada a la innovación visual. Más adelante en 2019, recibió la cámara de la Berlinale, poco antes de fallecer, presentando su último documental autobiográfico.

La filmografía de Varda es un mapa de sus obsesiones y descubrimientos. Los títulos más emblemáticos Incluyen: “Cléo de 5 à 7”, “Le Bonheur”, “Sans toit ni loi”, “Les Glaneurs et la Glaneuse” y “Visages Villages”.
En sus últimos años se autodefinió como una instaladora visual, transformando sus antiguas cintas de celuloide en estructuras arquitectónicas. Su legado es una invitación a mirar el mundo con ojos nuevos, a encontrar belleza en lo minúsculo y entender que el cine es, ante todo, un acto de generosidad. Solía decir que su hogar eran los recuerdos y las playas; hoy, su hogar es la memoria colectiva de todos los que aman el cine libre.
