Vaselina
Vaselina
Radiografía: desmenuzando la pantalla
Radiografía: desmenuzando la pantalla

Pocas películas logran convertirse en un puente generacional tan indestructible como “Grease”, bautizada en gran parte de hispanoamérica como “Vaselina”. Estrenada en 1978 y dirigida por Randal Kleiser, nació como un musical teatral irreverente sobre la juventud de los años 50 y se transformó en un ícono pop del cine.
La trama nos traslada al final del verano de 1959, donde Danny Zuko, un chico rebelde y líder de la banda de los T-Birds, y Sandy Olsson, una dulce e inocente estudiante australiana, viven un mágico romance de verano. Todo cambia cuando el destino los reúne de forma inesperada en la preparatoria Rydell para el nuevo ciclo escolar. Sus identidades se ponen a prueba cuando se encuentran rodeados de la presión social de sus respectivos grupos de amigos, Danny se debate entre mantener su reputación de chico rudo y los sentimientos reales que tiene por Sandy, mientras ella intenta encajar en un entorno completamente nuevo, lleno de hormonas, chamarras de cuero y bailes de graduación.

Primero que nada, porque no fue un accidente, es la combinación perfecta de música, química actoral y una fantástica estética visual.
John Travolta venía de su éxito en taquillas “Fiebre de sábado por la noche” de 1977 y Olivia Newton-John era una estrella de la música country-pop. La cantante temía que su incursión en el cine arruinara su carrera, pero sucedió absolutamente lo contrario. La chispa entre los personajes fue incontrolable.


Las canciones de “Vaselina” cumplen dos funciones, principalmente unen la historia, hacen avanzar la trama, pero también se convirtieron en himnos independientes. Temas como “You’re the one that i want”, “Hopelessly Devoted to you” y “Summer Nights” llegaron inmediatamente a las listas de popularidad en todo el mundo y se volvieron inolvidables. Hoy, casi 50 años después, todavía conocemos las letras, los ritmos y las tarareamos sin querer o a todo pulmón en el karaoke.
La película nos muestra una estética de los años 50, pero vista desde los 70, es decir, no es fiel a la realidad, pero nos muestra una fantasía tecnicolor reimaginando los años 50. Los colores son más brillantes, las coreografías más dinámicas y la actitud es mucho más pop de lo que originalmente fue.
Muchos fans de la película se sorprenden al descubrir que el musical original de Broadway, estrenado en 1972, era considerablemente más oscuro, sucio y rebelde que su versión cinematográfica. La obra original se caracterizaba por un tono crudo, satírico y enfocado en las dificultades de la clase obrera, donde temáticas como el embarazo adolescente, la rebeldía y la frustración social tenían un peso mucho mayor. Además, el personaje de Sandy era originalmente Sandy Dumbrowski, una chica católica de ascendencia polaca-estadounidense arraigada en Chicago, y la música tenía un estilo de rock and roll mucho más de garaje.
La adaptación cinematográfica de 1978 decidió pulirse un poco para crear un producto de consumo masivo y enfoque familiar. El tono se volvió romántico, y el personaje principal se transformó en Sandy Olsson para justificar el adorable acento australiano de Olivia Newton-John.
La música también experimentó una metamorfosis, incorporó sintetizadores y arreglos de cuerdas propios de la producción pop de finales de los setenta, lo que lo convirtió en el sonido que hoy todos reconocemos.

Por décadas, “Vaselina” ha sido analizada por su desenlace. Sandy, la chica buena y de valores tradicionales, decide cambiar radicalmente su aspecto (cuero negro, tacones rojos, cigarrillo en boca y cabello voluminoso) para conquistar a Danny. A su vez, Danny intenta volverse un atleta de pista para encajar en el mundo de ella.
Aunque el cambio de Sandy puede interpretarse actualmente como “cambiar tu identidad por un hombre”, desde la perspectiva de la liberación de los años 70 también se leyó como Sandy tomando el control de su propia sexualidad y rompiendo con el molde puritano que la asfixiaba.

Más allá del debate, la transformación de Sandy en los minutos finales regala uno de los momentos más icónicos de la historia del cine, coronado por un auto que, literalmente, vuela hacia el cielo en una metáfora perfecta de escapismo.
El secreto de la “eterna juventud” de “Vaselina” radica en que la adolescencia es un idioma universal. Las dinámicas de grupo de los “T-Birds” y las “Pink Ladies” apelan a algo que todos los seres humanos experimentamos alguna vez, la necesidad de pertenecer.
El acoso escolar, el miedo al futuro tras la graduación, el primer amor de verano y la presión de grupo están ahí, cubiertos por una capa de vaselina, chamarras de cuero y faldas circulares. Cada generación redescubre la película a través de la nostalgia porque debajo del peinado, se ven reflejados a sí mismos.
